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Parroquia San Eduardo
Diócesis San Carlos de Bariloche - Argentina
 

¿A LAS 4 DE LA TARDE O A LAS 9 DE LA MAÑANA?

“Estaba Juan bautista con dos de sus discípulos y mirando a Jesús que pasaba, dijo: “Ese es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. El se dio vuelta y viendo que los seguían, les preguntó ¿qué quieren?. Ellos le respondieron: “Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?” “Vengan y verán”, les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de la cuatro de la tarde. Uno de los dos que escucharon las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: “hemos encontrado al mesías” que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: “Tu eres Simón hijo de Juan: tu te llamarás Cefas” que traducido significa Pedro. (Jn 1. 34-42)

Así como parece inevitable que la vieja barca entre en dique seco y de hecho tenemos signos como Aparecida, que nos lo indican, para relanzar su tarea evangelizadora, lo que todavía está confuso e indeterminado es a que hora tenemos que botar de nuevo la barca de Pedro, para que comience a navegar en los mares del mundo, si a las 4 de la tarde o a las 9 de la mañana.

A las 4 de la tarde, Andrés entró en la intimidad de Jesús y tuvo el privilegio de ser el primero en hacer una experiencia vital, personal, estremecedora, del amor de Dios manifestado en la Persona del Señor Jesús.

Salió al día siguiente, seguramente a la hora sexta, cuando comenzaban las actividades, o sea a las 9 de la mañana.

Andrés no entró al lugar donde Jesús vivía, ni discípulo ni misionero, entró como un hombre –como nosotros- que caminaba detrás de Jesús y a la pregunta de Jesús ¿Qué querés, que buscás, porqué me seguís? El respondió: quiero saber dónde vivís, quiero entrar en tu intimidad y se animó, que es lo fundamental, a contestarle a Jesús, nuevamente, al “Vení y mirá”, con un SI. A las 4 de la tarde Andrés era un hombre en búsqueda, a las 9 de la mañana del día siguiente era, hecho y derecho, un discípulo y un misionero que corre a contarle a su propio hermano que había encontrado al Mesías esperado durante milenios.

Necesitamos empezar de nuevo, pero necesitamos empezar haciendo una experiencia fuerte del amor de Dios en Jesús, para llenarnos de “ardor”, de “eros”; para que el basamento de nuestra fe no sean solo unos conceptos intelectuales, sino también un contacto vital con la Verdad, con el Amor, con la Vida. Necesitamos arrancar a las cuatro de la tarde y animarnos a pasar el día con Jesús. A las nueve de la mañana  saldremos de allí con la urgente necesidad de encontrar a alguien para contarle que nos hemos enamorado de este hombre que es el Hijo de Dios.

No se puede arrancar a las nueve de la mañana. Ya lo probamos de mil formas y no da resultado. Aparecida, en su título y solo en su título, nos da la sensación de que hay que comenzar a las nueve de la mañana. Eso crea confusión.

¿Cómo se llama esa experiencia de Andrés que comenzó a las cuatro de la tarde y terminó al día siguiente a las nueve de la mañana?. Se llama PRIMER ANUNCIO DEL EVANGELIO

Se habla, se escribe, se predica, sobre el Primer Anuncio, pero la mayoría de los fieles, y yo diría respetuosamente de los sacerdotes y también de algunos Obispos, no saben qué es.

Es eso: una fuerte, inolvidable y transformadora para siempre, experiencia del Amor de Jesús, nacido para nuestra salvación y Muerto y Resucitado por Amor a cada uno de nosotros. Jesús le cambia el nombre a Simón, para que recuerde siempre, que en el encuentro experiencial con El, hay un antes y un después.