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Parroquia San Eduardo
Diócesis San Carlos de Bariloche - Argentina

 

DIQUE SECO

¿Qué es el Primer Anuncio?

Juan Pablo II nos lanzó el reto de una “nueva evangelización” y Benedicto XVI no deja de recordarnos que debemos emprender nuevamente el camino que nació en la jornada luminosa de Pentecostés.

Vemos en algunas partes del mundo, una incesante sangría de católicos que emigran a otras denominaciones cristianas o a sectas u otras formas de religión y no tenemos ni repuestas unificadas respecto al fenómeno, ni mucho menos y consecuentemente soluciones.

En otras partes, vemos que una indiferencia casi rayana en la negación, ha poblado los corazones antaño fervientes, de católicos que han visto freezado el corazón, por el consumo, el posmodernismo o las idolatrías del sexo o del placer en general, del poder o del tener.

En casi todas partes del mundo, vemos a católicos que luchan a brazo partido por mantenerse en la practica de la fe en Jesús, pero vacíos interiormente. Son los que cuando llega la hora de las respuestas difíciles a los cuestionamientos más agudos del mundo, sobre todo con respecto al dogma o la moral alcanzan a balbucear: “y… ¡lo dice la Iglesia!”.

Cumplen lo más cuidadosamente posible las prácticas de piedad, los preceptos de la Iglesia, acuden a los sacramentos periódicamente, algunos hasta hacen una lectura periódica de la Escritura. Pero carecen de “eros” de pasión por Jesús y no pueden alcanzar sus “mismos sentimientos”. Entonces sienten que viven una fe carente de vitalidad, de fuego, y por eso mismo de alegría profunda, de paz interior, de experiencia constante de felicidad.

Son en general, los que esperan todo eso, cuando finalmente todo termine acá y lleguemos al cielo, donde, después de aguantar éste valle de lágrimas, seremos consolados de todas nuestra desventuras terrenas. Eso implica olvidar que Jesús vino a anunciar que el Reino había comenzado con El, presente entre nosotros, y con el Reino la posibilidad de ser felices en la tierra, como anticipo de un cielo que vamos fabricando todos los días con nuestras determinaciones, que nos acercan a Dios o nos separan de El.

Así nos ha ido invadiendo a todos la sensación cada día más cierta, de que hay que empezar de nuevo. Que la Iglesia, como hizo cuando Juan XXIII planteó el Concilio Vaticano II tiene que comenzar de nuevo a evangelizar, según el modelo que el mismo Jesús nos dejó, porque está probado que fue un esquema exitoso… hasta hace unos años.

Lenta pero decididamente la vieja barca de Pedro, averiada por el tiempo, los embates de las tormentas y rezagada ante las nuevas tecnologías del navegar va entrando en dique seco, para una reparación que le permita iniciar esperanzadamente, de nuevo, el gozoso camino de anunciar a todos los corazones la Buena Noticia de Jesús.